Ciclista ascendiendo un puerto de montaña durante un entrenamiento de resistencia

Mitocondrias y resistencia: por qué tener más no basta para rendir mejor

Cuando se habla de resistencia, las mitocondrias suelen presentarse como «las centrales energéticas» del músculo. La idea es intuitiva: si el entrenamiento aumenta su cantidad o su capacidad para utilizar oxígeno, deberíamos nadar, pedalear o correr más rápido. Sin embargo, una revisión publicada en septiembre de 2026 en Sports Medicine muestra que la relación es más compleja.

La conclusión no resta importancia a las mitocondrias. Al contrario: sus adaptaciones son importantes y pueden ser necesarias en muchos contextos, pero no siempre ni por sí solas. El resultado final también depende del transporte de oxígeno, el corazón y la sangre, los umbrales, la economía de movimiento, la técnica y la capacidad de mantener el rendimiento cuando se acumula fatiga.

Qué pregunta intentó responder la revisión

Javier Botella, David J. Bishop y Cesare Granata revisaron estudios humanos transversales, correlacionales y de intervención para responder una pregunta concreta: ¿las características mitocondriales del músculo son un determinante directo del rendimiento de resistencia?

El trabajo es una revisión narrativa, no un metaanálisis. Por eso no reúne a todos los participantes en una única muestra ni calcula un efecto promedio. Los autores comparan diferentes líneas de evidencia: diferencias entre deportistas de distinto nivel, asociaciones entre variables fisiológicas y rendimiento, y cambios observados después de entrenamiento, desentrenamiento, retirada de sangre o manipulación del oxígeno disponible.

Se centran especialmente en dos características:

  • el contenido mitocondrial del músculo;
  • la capacidad respiratoria mitocondrial, es decir, su potencial para utilizar oxígeno y resintetizar ATP.

Lo que sí sabemos sobre las mitocondrias

Los estudios transversales muestran un patrón bastante consistente: las personas con mayor rendimiento aeróbico suelen presentar más contenido mitocondrial y una función respiratoria superior. También aparecen asociaciones positivas entre diferentes características mitocondriales y marcadores como el consumo máximo de oxígeno, los umbrales o la potencia aeróbica máxima.

Las intervenciones aportan otra pieza. En algunos estudios, pocas semanas de entrenamiento de alta intensidad mejoraron simultáneamente la función mitocondrial, el VO₂max, la potencia aeróbica y el rendimiento en contrarreloj, sin cambios claros en variables centrales como el volumen sanguíneo o el gasto cardiaco máximo. Eso respalda que las adaptaciones periféricas del músculo pueden contribuir de verdad al rendimiento.

Además, un mayor contenido mitocondrial puede ayudar a utilizar más grasa a una intensidad determinada, ahorrar glucógeno y sostener ritmos submáximos durante más tiempo. En larga distancia, esa capacidad puede ser especialmente valiosa.

Por qué más mitocondrias no garantizan correr o pedalear más rápido

La asociación no aparece siempre. La revisión recoge trabajos con ciclistas muy entrenados en los que determinados marcadores mitocondriales no se relacionaron de forma significativa con una contrarreloj de 40 kilómetros ni con el VO₂max. En otro estudio, la relación observada antes de entrenar entre respiración mitocondrial y una contrarreloj de 20 kilómetros desapareció después de cuatro semanas de entrenamiento.

También existe un desajuste temporal. Tras un periodo de desentrenamiento, algunos marcadores mitocondriales pueden regresar rápidamente hacia sus valores iniciales mientras el VO₂max se mantiene durante más tiempo. Eso indica que las adaptaciones centrales y periféricas no evolucionan siempre al mismo ritmo.

La evidencia con oxígeno adicional refuerza ese matiz. Cuando se aumenta la disponibilidad de oxígeno inspirado, las mitocondrias pueden trabajar a una tasa mayor y mejorar algunos marcadores de rendimiento. Si el resultado cambia al aumentar el suministro, la limitación no estaba exclusivamente dentro de la mitocondria: el transporte de oxígeno también importaba.

El rendimiento es un sistema, no una sola variable

Deportista realizando una prueba de esfuerzo con análisis de gases en bicicleta

Para rendir en resistencia, el oxígeno debe recorrer una cadena completa: entrar en los pulmones, pasar a la sangre, ser transportado por el sistema cardiovascular, llegar al músculo y finalmente utilizarse en las mitocondrias. Una mejora en un eslabón puede tener poco efecto si otro sigue limitando el sistema.

Por eso una medida integradora, como la potencia aeróbica máxima, puede predecir mejor el rendimiento que una variable fisiológica aislada. Integra parcialmente el VO₂max, los umbrales, la economía y la resistencia a la fatiga.

En triatlón hay todavía más elementos: técnica de natación, aerodinámica, posición sobre la bicicleta, economía de carrera, nutrición, termorregulación, transiciones y toma de decisiones. Ninguna biopsia muscular resume todo eso.

La posible importancia de la durabilidad

La revisión plantea una hipótesis interesante: disponer de una capacidad mitocondrial aparentemente «sobrante» podría ayudar a conservar la producción de energía cuando pasan las horas y aparece la fatiga.

Durante esfuerzos máximos o muy prolongados, la eficiencia de la producción oxidativa de ATP puede deteriorarse. En ese contexto, una mayor reserva mitocondrial quizá no eleve mucho el rendimiento cuando estamos frescos, pero sí ayude a limitar la caída de potencia o ritmo después de acumular trabajo. Es lo que actualmente se estudia bajo el concepto de durabilidad.

Es una explicación plausible, no una conclusión definitiva. Los propios autores señalan que todavía no sabemos cuánto de esa capacidad adicional se utiliza realmente durante una competición ni qué características mitocondriales son las más importantes.

Limitaciones que conviene entender

Esta revisión organiza una literatura amplia, pero no permite calcular un efecto único ni demostrar que aumentar una característica mitocondrial concreta cause directamente una mejora competitiva.

Además:

  • buena parte de la investigación utiliza la actividad de la citrato sintasa como indicador indirecto del contenido mitocondrial;
  • muchas mediciones se realizan en biopsias musculares en reposo y fuera del organismo;
  • los estudios combinan participantes con niveles deportivos y protocolos diferentes;
  • no siempre se mide rendimiento real, sino variables de laboratorio relacionadas;
  • sigue siendo difícil separar completamente las adaptaciones centrales de las periféricas en seres humanos.

Por eso no deberíamos convertir un marcador de laboratorio en una sentencia sobre el potencial de un deportista.

Qué significa para el entrenamiento de un triatleta

Triatleta corriendo en una pista de atletismo

La aplicación práctica no es perseguir un supuesto «entrenamiento mitocondrial» aislado. Es construir un programa que estimule el sistema completo.

1. Mantén suficiente trabajo aeróbico

El volumen sostenible y bien distribuido favorece adaptaciones periféricas, mejora la capacidad de mantener esfuerzos submáximos y permite acumular práctica técnica. El objetivo no es sumar horas sin límite, sino tolerar una carga coherente con tu nivel y recuperarte de ella.

2. Incluye intensidad con una función clara

Los intervalos pueden estimular con rapidez la función mitocondrial y elevar variables centrales y periféricas. Pero más intensidad no significa automáticamente más adaptación. La dosis debe encajar con el resto de la semana, la disciplina y el momento de la temporada.

3. Evalúa rendimiento, no solo fisiología

Un VO₂max mayor o un mejor marcador metabólico es útil si se traduce en velocidad, potencia, economía o capacidad para sostener el esfuerzo. Los test de carrera, ciclismo y natación ayudan a comprobar si la adaptación aparece también en tareas específicas.

4. Entrena la durabilidad

En media y larga distancia importa cuánto rendimiento conservas después de dos, tres o más horas. Algunas sesiones deben permitir observar cómo cambian la potencia, el ritmo, la técnica y la percepción de esfuerzo cuando ya existe fatiga, sin convertir cada entrenamiento largo en una competición.

5. No olvides los demás eslabones

La técnica, la fuerza, el descanso, la disponibilidad energética y la progresión de cargas siguen siendo esenciales. Una planificación equilibrada de entrenamiento de resistencia para triatletas debe integrar esos componentes en lugar de perseguir una adaptación de moda.

Conclusión

Las mitocondrias importan mucho para el rendimiento de resistencia, pero no actúan solas. La evidencia indica que una mayor cantidad y capacidad mitocondrial suele acompañar a un mejor nivel aeróbico y puede contribuir a las mejoras del entrenamiento. Aun así, esa relación no es universal y no explica por sí misma quién rendirá mejor.

Para el triatleta, el mensaje es práctico: entrena el organismo como un sistema. Combina base aeróbica, intensidad dosificada, técnica, fuerza, recuperación y mediciones específicas. Las mitocondrias se adaptarán, pero la meta no es mejorar un orgánulo; es nadar, pedalear y correr mejor cuando realmente importa.

Fuente científica

Botella J, Bishop DJ, Granata C. Citius, Maius, Melius: Mitochondria and Endurance Performance. Sports Medicine. Publicado online el 12 de septiembre de 2026. DOI: 10.1007/s40279-026-02530-4.


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